Artículo de Ana Asensio en Enfemenino

Cómo aplicar el mindfulness en la educación de tus hijos

Mindfulness se define como la atención plena, sin juzgar, en el momento presente, atendiendo a lo que sucede dentro y fuera de mí, con una actitud de amabilidad y entrega, y con el corazón abierto. Te contamos cómo aplicarla a la educación de los más peques de la casa.

Cada día los profesionales de la salud y de la educación venimos observando que parece hacerse más relevante y necesario el uso de herramientas o técnicas que nos ayuden a poder estar en calma, vivir en el presente y con una actitud amable hacia uno mismo, ayudándonos de esta manera y entre otras cosas a evitar pensamientos anticipatorios y repetitivos que generan mucho ruido interno y distracción mental. Y como consecuencia hacen que podamos sentir nerviosismo, inquietud, o incluso en ocasiones en los que el estrés y los pensamientos nos conduce a una situación más grave, se da con mayor intensidad y mantenida en el tiempo, puede llevarnos a estados de ansiedad generalizada y depresión.

En el caso de los niños consideramos de gran utilidad dotarles desde pequeñitos de estrategias de atención plena o mindfulness para incorporar en sus vidas. De esta manera estaríamos enseñando una inteligencia de vida que posibilita el apoyo a todas las otras inteligencias que poseemos.

Las técnicas de mindfulness favorecen la claridad emocional y mental, lo que ayuda al desarrollo de la inteligencia emocional y la inteligencia cognitiva. En el caso de los niños, al presentar unas actitudes de concentración y atención plena, pueden desarrollar una mejora en el rendimiento académico, y conductual.

Nuestro día a día actual contiene muchísima estimulación, que por un lado nos aporta información, posibilidades, conocimientos y muchas otras cosas, pero por otro lado puede resultarnos un factor distractor, sobrecargar nuestros sistemas internos, y en el caso de los niños afectar al desarrollo de su atención y concentración, y en el de los adultos conducirnos al estrés.

Está bien conocer esto, porque la intención no es tanto cambiar el entorno en el que vivimos si no aprender a manejarlo correctamente con habilidades y técnicas que apoyen nuestra tranquilidad interior, que apoyen que podamos focalizar la atención en aquello que elijamos, que apoyen que nos sintamos en calma, y al encontrarnos mejor, favorezca una conducta de escucha, de presencia y de amabilidad para mi y para los demás.

Mindfulness es una herramienta que se puede incorporar a nuestro funcionamiento diario de manera permanente. Y la palabra ATENCIÓN cobra especial significado, al igual que comprensión y responsabilidad que son actitudes que requiere la realización de estas técnicas.

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Estas técnicas pueden ser:

1. Atención a nuestras sensaciones: dar un masaje a nuestro bebé con atención plena en lo que estamos haciendo, observando las sensaciones que tenemos, observando los gestos del bebé, respirando conjuntamente y permaneciendo en el disfrute de la acción que se está realizando. O con niños mayores realizar ejercicios de atención a las sensaciones con diferentes estímulos, gusto, tacto, olfato…y respirar mientras atendemos a las sensaciones.

2. Atención a nuestras emociones: otra técnica podría ser mirarse a los ojos con el niño o bebé, sintiendo plena conexión, disfrutando del cruce de miradas y de las correlaciones de expresiones afectivas, ruiditos, sonrisas y miradas, atendiendo a nuestras sensaciones y emociones. También puede ser leer cuentos de emociones y/o explicarle como nos sentimos en distintas circunstancias de manera que les ayudemos a poder leer sus emociones también.

3. Incorporar en hogar momentos de silencio consciente y voluntario: compartir en presencia plena el realizar un encajable, un puzle, una lectura por ejemplo, o incluso en los momentos de comida en el primer plato adoptar un silencio voluntario, desde una actitud presente, conscientemente silenciosa, respirando y compartiendo desde el silencio consciente como actividad.

4. Atención a nuestra rutina y al nivel de activación y actividad que presentamos: otra actividad puede ser desde hacer unas respiraciones profundas antes de comer con niños a partir de los 2-3 años y atender a acto de comer o realizar una pausa de respiración entre actividad y actividad cotidiana, atendiendo al ritmo de mi mente y cuerpo durante la jornada.

5. Atención a nuestro cuerpo: otras herramientas son los juegos corporales como bailar con nuestro bebé/niño, cambiando ritmos, música, pasos, atendiendo y disfrutando de esta actividad, del ejercicio físico, de los latidos del corazón, del calor del cuerpo y de las sensaciones corporales que tenemos.

6. Atención a nuestros pensamientos: otras herramientas pueden ser las “visualizaciones creativas”, por ejemplo estando tumbados, con los ojos cerrados, respirando e imaginar hojas de otoño que vuelan, suben, bajan… y las visualizamos en nuestra cabeza, mientras revolotean, como nuestros pensamientos que vienen y van.

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7. Atención a los mensajes interiores: “Loros en la cabeza”, así llamamos con los niños a esas voces interiores que nos hablan a todos. Atender a esas voces que escuchamos en la cabeza y a veces nos dicen cosas haciéndonos conscientes de ello y acogiéndolas con comprensión.

8. Atención a la exploración y curiosidad: “El cesto de los tesoros” fomenta en los más pequeños el desarrollo de la exploración de objetos (que no contengan peligro para su salud) desde la pura atención y presencia en el disfrute de esta actividad que les encanta.

9. Atención al sonido ambiental: con juegos como “la caja de música” que podemos esconder por casa para encontrarla agudizando nuestro sentido, o “tocar instrumentos” proponemos a los pequeños atención auditiva, discriminación de sonidos.

10. Atención a los conocimientos: tanto en la asamblea en el colegio como en casa, los contenidos de charlas, las conversaciones en familia, los aprendizajes que realizamos, los momentos de cuento nocturno lecturas significativas, los “cuentos autobiográficos”, etc. Todo esto adquiere una especial relevancia en la atención y comprensión de actitudes y conductas que deseamos fomentar en nuestros niños y adolescentes.

11. Realizar pausas entre actividad y actividad, como beber un vaso de agua, o movernos un poco si estábamos sentados, respirar, o “no hacer nada” durante unos instantes hace que preparemos correctamente a nuestro cerebro para la siguiente tarea que tiene que atender plenamente. Hacer una pausa marcada, y no encadenar actividades una tras otra recupera mucho la actividad cerebral y nos permite seguir rindiendo en atención. Tampoco recomendamos la “multitarea” o “multiactividad”. Aunque creamos que es muy eficiente y productivo funcionar con “multitarea”, en realidad estamos “quemando” nuestra eficiencia real sobrecargando el sistema e induciendo a despistes, errores, y sobrecargar nuestra salud física y emocional. Es mejor una tarea por vez y con atención plena.

12. Ralentizar nuestros movimientos. Ayuda mucho a la impulsividad, a la activación elevada interna, a la hiperactividad en niños, y al estrés en los adultos, ser conscientes y ralentizar nuestros movimientos. Podemos comenzar en rutinas.

13. Atender a nuestra educación emocional. Observar y atender en casa qué contenidos tiene n nuestras conversaciones, cómo nos tratamos, qué lenguaje utilizamos para comunicarnos, sobre qué nos comunicamos, si nos interesamos por los otros, si cultivamos el amor y cuidado en familia y si cultivamos nuestras propias emociones.

Post by Ana Asensio

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