Artículo de Ana Asensio para La Razón Familia

Cómo abordar los cambios en las familias

¿Sabías que tu familia es un organismo vivo? Esto significa que puede sufrir diversos cambios y adaptaciones a lo largo de su historia.

¿Sabías que tu familia es un organismo vivo? Esto significa que puede sufrir diversos cambios y adaptaciones a lo largo de su historia. Primero nace, crece, se desarrolla y finalmente se declina o consume. Estos cambios te pueden causar cierta inestabilidad en tu hogar ya que probablemente no sabes cómo afrontar lo desconocido.

En general se nos presentan 2 tipos de cambios en la vida:

1. Los cambios que no detectas

El primero es el “cambio propio de la vida”. Está conformado por aquellas pequeñas transformaciones que se producen de manera gradual y de forma imperceptible. El desgaste de las cosas, el crecimiento de los niños, el envejecimiento… Son procesos de “cambio que no se detecta”.

Ocurren de una manera lenta e ininterrumpida, tomamos conciencia de ellos cuando algo (una fotografía, por ejemplo) nos enseña de nuevo el pasado.

2. Los cambios drásticos

El cambio en escalón es aquel que se genera en un corto periodo de tiempo y de modo más o menos brusco. En estos casos tenemos plena conciencia de las modificaciones que se han producido en nuestra vida, pudiendo reconocer y diferenciar claramente un antes y un después. Los cambios en escalón ocurren a veces de manera programada y podemos preverlos, pero otras veces, nos pillan desprevenidos o, más dramáticamente, nos golpean. Una mudanza, un nuevo trabajo, una muerte, un nacimiento o el contraer matrimonio son todos eventos que generan cambios en escalón.

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¿Qué podemos hacer para ayudarnos y ayudar a nuestros hijos y a la familia cuando suceden cambios de este tipo?

a. Todo cambio implica una pérdida. Todos los cambios van acompañados por el dolor de dejar algo atrás y se siguen con un periodo de “duelo” en el que elaboramos nuestra nueva situación. Esto no quiere decir que no haya cambios positivos. Es posible que la ganancia sea mayor que la pérdida, pero no por eso dejaremos de sentir un poco de dolor por la desaparición de la situación inicial. Es importante sentir y comprender que el cambio es inevitable, es algo permanente en nuestras vidas e imparable. Todos los intentos de detenerlo, retrasarlo o anularlo son resistencias que nos restaran mucha energía. Recomendamos abandonar esa lucha y enfocarte en cómo “surfear” la ola del cambio.

b. Haberlo “digerido” nosotros antes como padres: Es importante, si se puede, que cuando un cambio vaya a afectar a toda la familia y podamos preverlo, hayamos hecho nuestro trabajo personal previamente. En el caso de una separación o divorcio, que es algo cada día más frecuente y que inicialmente nadie desea que se produzca, una de las preocupaciones más comunes es cómo trasmitirlo a los hijos, cuál será su reacción, no queremos que les afecte, etc… Para todo esto es importante haber dialogado, haberse puesto en el papel de padres, haber pensado en cómo podemos comunicarlo conjuntamente y cómo podemos explicarlo de una manera que más allá no traiga consigo angustia adicional.

c. Contar lo que va a suceder y cómo creemos que va a ser: Es importante en el caso de cambios de residencia, de país, de colegio…que podamos anticipar un tiempo antes, qué vamos a hacer, dónde vamos a ir, dónde vamos a vivir, etc. Si podéis es saludable hacer una visita al lugar, ver fotos, o ver la web del nuevo colegio, o comprar los uniformes y contarles cómo será su rutina… Sería algo así como respetar el compartir la información que afecta a la familia.

d. Verle el lado positivo a cada situación: Es importante que nosotros también lo veamos y así lo trasmitamos a nuestros hijos, y es que cada situación tiene un lado positivo, y además que con cada cambio es posible que perdamos cosas, pero también ganemos otras. Esta mentalidad es muy inteligente y ayuda mucho a que cada vivencia la empiecen a ver como una experiencia de la que aprender, y que además tendrá una temporalidad. Ser el nuevo en el cole tendrá temporalidad, sentir que mi casa no es mi casa tendrá temporalidad, adaptarme a mudarme de casa de papá a mama tendrá temporalidad…y todo al final es temporal.

e. Ser realistas y adaptarnos a la comprensión de nuestros hijos: también es importante que adecuemos el lenguaje a la edad de nuestros hijos, y que seamos realistas en el discurso. Hay veces que los cambios son el fallecimiento de alguien, y puede suponer una gran perdida, a veces no esperarlo y sea un shock, y es normal que tengamos muchas emociones, sentir tristeza, y tener durante un tiempo ganas de llorar, desconcierto, o ganas de no hacer nada…forma parte del duelo. Es importante transmitir a nuestros hijos, que aunque hay emociones que son difíciles de vivir, son necesarias sentirlas para superar algunas experiencias que la vida tiene.

f. Paciencia. La paciencia es un don de vida que se adquiere por aprendizaje o posteriormente con entrenamiento consciente. La paciencia y el respeto por los procesos naturales de la vida es algo fundamental a comprender si queremos ser felices y afrontar bien los cambios. Igual que un mes dura lo que dura, las estaciones duran lo que duran, cada proceso durará lo que necesite durar, y entender esto es de gran autoayuda.

g. Aceptación. Aceptemos los cambios de la vida y sigamos adelante. La vida es un cambio constante e imparable. Y el cambio en la vida es necesario, sano y natural. Pero nos cuesta aceptarlo porque cambiar siempre significa perder y nos resistimos a ese dolor. Y también porque no todos los cambios son buscados o deseados, y algunos no vienen a nuestro favor, o como y cuando esperábamos. Aceptar es una cualidad muy útil, es un regalo entrenarse en aceptación, y saber discernir cuando algo se puede cambiar, o cuando es necesario aceptar. La aceptación implica confianza y entrega, y es necesaria para soltar algo y dar acogida a lo nuevo que está por venir.

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Post by Ana Asensio

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