Carta de Ana Asensio:
Escribí “El cerebro necesita abrazos” porque, después de años de consulta, investigación y observación de la vida cotidiana, hay una certeza que se repite una y otra vez y es que la mayoría del sufrimiento humano tiene que ver con la forma en que nos vinculamos. Con los demás, con el mundo y, muy especialmente, con nosotros mismos.
Este libro nace del encuentro entre mi trayectoria profesional como psicóloga y doctora en neurociencia y mi experiencia humana como mujer, madre, pareja y observadora atenta de los vínculos. Nace de escuchar, durante años, frases distintas que en el fondo decían lo mismo: “me siento solo”, “no me siento visto”, “estoy acompañado pero vacío”, “no sé por qué me duele tanto esto”, “no sé cómo amar o tener una relación sin perderme”, “el mundo no está hecho para mí”…
He visto cómo personas aparentemente fuertes, exitosas y funcionales estaban profundamente desreguladas a nivel emocional no porque les faltara capacidad, sino porque les faltaba conexión y vínculo seguro en sus vidas.
He visto cómo la ansiedad, el estrés, la tristeza o el vacío no siempre eran un problema individual, sino el eco de una historia vincular no atendida. Y he visto también cómo el cuerpo y el cerebro cambiaban cuando alguien empezaba a sentirse sostenido, comprendido y acompañado de verdad.
Este libro no nace de una idealización del amor ni de una visión ingenua de las relaciones. Nace de una convicción científica y clínica de que la conexión y el vínculo son biología pura. El cerebro humano no está diseñado para sobrevivir solo, ni para aprender a regularse en aislamiento, ni para sanar sin vínculo. El contacto humano, la presencia emocional, la mirada que valida y el abrazo que calma no son gestos románticos, son reguladores del cerebro, del sistema nervioso y por ende de tu cuerpo.
Durante mucho tiempo se nos ha enseñado a ser autosuficientes, fuertes, independientes, productivos. Se nos ha enseñado el modelo de “poder con todo”. De entrega infinita, se nos ha enseñado a no necesitar. A no molestar. A no sentir demasiado. Y, sin embargo, el cuerpo y el cerebro nos recuerdan constantemente que necesitar al otro no es una debilidad, es una memoria evolutiva. Que amar no nos hace frágiles, nos hace humanos. Y que necesitamos sentir, pertenecer, formar parte de algo, necesitamos reconocimiento, no sentirnos solos, necesitamos propósito, compartir, sentirnos queridos, necesitamos saber que hay un otro ahí, necesitamos abrazos.
Y esto no es depender, ni estar 24/7 pegado a alguien. Esto es sentirse seguro en tus vínculos, dar y recibir, saber que estás en casa contigo y con los que eliges para tu vida, es sentir que la vida tiene sentido, y esto te lo da, no lo que obtienes, sino con quien lo compartes.
He escrito este libro para devolver dignidad al anhelo de conexión, para decirle al lector que no tiene ninguna tara por necesitar, que no es exagerado por desear vínculos claros, presentes y nutritivos. Que no hay nada patológico en querer sentirse querido, sostenido y elegido.
También lo he escrito para desmontar muchos mitos que nos dañan, como que “amar es perderse”, que “cuidar siempre agota”, que “poner límites es egoísmo”, que “la soledad es fortaleza”, que “sentir mucho es un problema”. Este libro propone una mirada más madura y compasiva, y herramientas para aprender a conectar y entender que el vínculo sano no es fundirse, es saber estar, es presencia, responsabilidad, apoyo, claridad. Y esto No es depender, es regularse juntos. Esto No es sacrificarse, es elegirse y comprometerse con consciencia.
Decirte que quería escribir un libro que uniera rigor científico y humanidad, que explicara con claridad cómo funcionan el cerebro social, el apego, el sistema nervioso y la química del vínculo, pero que al mismo tiempo acompañara emocionalmente al lector. Un libro que no solo informara, sino que reparara por su lectura, aclaraciones y herramientas prácticas. Un libro Que no solo explicara por qué nos duele amar, sino que ofreciera caminos para amar(nos) mejor.
Por eso “El cerebro necesita abrazos” no es un manual técnico ni un libro de autoayuda al uso. Es una obra puente, un lugar de encuentro entre la neurociencia y la vida real. Entre la clínica y la experiencia cotidiana. Entre el cuerpo, la emoción y la palabra.
He querido también que este libro tenga una dimensión social. Vivimos una epidemia silenciosa de soledad emocional, incluso dentro de relaciones aparentemente estables y en entornos laboralmente exitosos. Creo profundamente que cuidar los vínculos es una forma de salud pública emocional. Que hablar de conexión es hablar de prevención, de bienestar colectivo y de responsabilidad social.
Este libro es una invitación a mirar nuestros vínculos con más honestidad, ternura y conciencia. A revisar cómo aprendimos a amar. A entender qué repetimos sin darnos cuenta. A elegir mejor. A cerrar lo que duele sin culpa. A protegernos sin cerrarnos. A volver al cuerpo como brújula y al vínculo como hogar.
Si al cerrar este libro, te sientes un poco menos solo, un poco más comprendido y con más permiso para cuidarte y cuidar mejor, entonces este libro habrá cumplido su propósito.
Porque, al final, conectar es volver a casa.
Y todos, sin excepción, necesitamos ese lugar.
Ana Asensio
Valoraciones
No hay valoraciones aún.